OPINIÓN | “No hay millonario bueno: he aquí una verdad de perogrullo que conviene repetir”, por Pablo Batalla
No hay millonario bueno y otras verdades de perogrullo
Hoy parece increíble, pero Elon Musk era votante y financiador del Partido Demócrata. Nada excepcional, sino lo habitual entre los magnates del silicio, habitantes de la libertaria California, la naturaleza de cuyo ramo, ese Internet que un día fue promesa de hermandad universal, también los hacía propensos a la sensibilidad progresista. Musk, que ahora hace el saludo nazi en la toma de posesión de Donald Trump, es el ejemplo más aberrante de cómo eso está cambiando, y Silicon Valley va tomando forma de una colección de oligarcas trumpistas, seducidos por las promesas randianas de un caudillo multimillonario cuya preocupación nunca fueron —hacía falta ser olímpicamente imbécil para creerlo— los rudos proletarios del Rust Belt, sino la tasa de ganancia de los suyos. Incluso a Bill Gates, que pasaba por ser el nabab más honestamente humanitario de los Estados Unidos, se le escuchan ya incipientes palabras amables para el anaranjado Duce de la Trump Tower.
OPINIÓN | “No hay millonario bueno: he aquí una verdad de perogrullo que conviene repetir”, por Pablo Batalla