En Rafah, no hay cielo,
solo humo y cenizas,
restos de esperanzas trituradas
bajo los pies de los días sin nombre.
Niños juegan a ser fantasmas
entre escombros de lo que fue hogar,
sus risas rotas, ecos de vida
en un paisaje de muerte y polvo.
En Rafah, no hay cielo,
solo humo y cenizas,
restos de esperanzas trituradas
bajo los pies de los días sin nombre.
Niños juegan a ser fantasmas
entre escombros de lo que fue hogar,
sus risas rotas, ecos de vida
en un paisaje de muerte y polvo.