sin mapa,
sin rumbo.
El día
me improvisa
cada paso.
Lo que creía
firme
se deshace.
Aprendo
a pisar
lo que se mueve.
No prometo nada.
Respiro,
resisto,
sigo.
En ese gesto
mínimo,
encuentro
un rumbo
que basta.
sin mapa,
sin rumbo.
El día
me improvisa
cada paso.
Lo que creía
firme
se deshace.
Aprendo
a pisar
lo que se mueve.
No prometo nada.
Respiro,
resisto,
sigo.
En ese gesto
mínimo,
encuentro
un rumbo
que basta.
no quieren confiar.
El silencio cae,
como vidrio roto.
Miro tus ojos,
grietas que no sanan.
Me acerco igual,
sé que cualquier roce
puede deshacer
lo que aún late,
y caer en polvo
entre mis dedos.
no quieren confiar.
El silencio cae,
como vidrio roto.
Miro tus ojos,
grietas que no sanan.
Me acerco igual,
sé que cualquier roce
puede deshacer
lo que aún late,
y caer en polvo
entre mis dedos.
la memoria
se sienta
sobre mi hombro.
Trae polvo,
trae gritos,
trae nombres
que ya no son míos.
Intento echarla,
pero se aferra,
fumando silencios
como un viejo vicio.
Se va al final,
dejando
la puerta abierta
y el corazón temblando.
la memoria
se sienta
sobre mi hombro.
Trae polvo,
trae gritos,
trae nombres
que ya no son míos.
Intento echarla,
pero se aferra,
fumando silencios
como un viejo vicio.
Se va al final,
dejando
la puerta abierta
y el corazón temblando.
olas que nunca rompen.
La noche susurra
lo que el alma esconde.
Viento helado en la sangre,
sonrisa que se quiebra.
Piedras pesan en el estómago,
gritos que nadie recuerda.
Camino sobre espejos,
cada paso, un naufragio.
Cada abrazo, un adiós
que siempre llega tarde.
olas que nunca rompen.
La noche susurra
lo que el alma esconde.
Viento helado en la sangre,
sonrisa que se quiebra.
Piedras pesan en el estómago,
gritos que nadie recuerda.
Camino sobre espejos,
cada paso, un naufragio.
Cada abrazo, un adiós
que siempre llega tarde.
la boca se cierra.
Caen gotas como cuchillos,
silencios que arden.
Los ojos hablan
lo que la voz niega.
Sombras sangran,
secretos imposibles.
El alma escribe
en agua salada,
lo que nunca sabe decir.
la boca se cierra.
Caen gotas como cuchillos,
silencios que arden.
Los ojos hablan
lo que la voz niega.
Sombras sangran,
secretos imposibles.
El alma escribe
en agua salada,
lo que nunca sabe decir.
en que pensar duele,
la mente sangra.
Dejo pasar el ruido,
la culpa,
el porqué.
Me siento al borde del mundo,
mirando sin mirar,
como quien ve llover
por dentro,
rompiéndose en silencio.
Y un instante,
no sé quién soy,
ni si importa,
ni si duele,
ni si vuelvo.
en que pensar duele,
la mente sangra.
Dejo pasar el ruido,
la culpa,
el porqué.
Me siento al borde del mundo,
mirando sin mirar,
como quien ve llover
por dentro,
rompiéndose en silencio.
Y un instante,
no sé quién soy,
ni si importa,
ni si duele,
ni si vuelvo.
y creyó
que todo mejoraba.
Pero
era óxido.
Desde entonces
sonríe
como quien carga
una deuda.
En los ojos
una tregua
mal firmada.
Y en la voz
el eco
sordo
de quien se fue
despacio.
y creyó
que todo mejoraba.
Pero
era óxido.
Desde entonces
sonríe
como quien carga
una deuda.
En los ojos
una tregua
mal firmada.
Y en la voz
el eco
sordo
de quien se fue
despacio.
y se quebró en silencio.
Las calles se doblaron,
los relojes se rieron,
mi sombra aprendió
a no pedirme nada.
Ahora miro
cómo se escapan los márgenes
del mundo,
y descubro que, incluso,
la verdad se puede torcer.
y se quebró en silencio.
Las calles se doblaron,
los relojes se rieron,
mi sombra aprendió
a no pedirme nada.
Ahora miro
cómo se escapan los márgenes
del mundo,
y descubro que, incluso,
la verdad se puede torcer.
como un eco que no se va,
sonando solo en mi cabeza.
No pedí el recuerdo;
pero vino él,
con su nostalgia colgando
y olor a madrugada.
Y me jode,
porque hay ausencias
que se duermen en mi pecho
y sueñan por mí.
como un eco que no se va,
sonando solo en mi cabeza.
No pedí el recuerdo;
pero vino él,
con su nostalgia colgando
y olor a madrugada.
Y me jode,
porque hay ausencias
que se duermen en mi pecho
y sueñan por mí.
como llamas que dudan.
El silencio huele a gasolina,
y nadie enciende el mechero.
Las palabras
se esconden bajo la lengua,
como perros flacos
que saben morder.
Y aquí estamos,
tú y yo,
jugando a no irnos,
muriendo por quedarnos.
como llamas que dudan.
El silencio huele a gasolina,
y nadie enciende el mechero.
Las palabras
se esconden bajo la lengua,
como perros flacos
que saben morder.
Y aquí estamos,
tú y yo,
jugando a no irnos,
muriendo por quedarnos.
se quiebra en mis manos.
Camino entre sombras
que se burlan de mí.
El aire huele
a promesas rotas.
Un vacío quema
mi pecho sin consuelo.
Corro ciego
tras espejos rotos,
cada fragmento quema
lo que soy y lo que fui.
se quiebra en mis manos.
Camino entre sombras
que se burlan de mí.
El aire huele
a promesas rotas.
Un vacío quema
mi pecho sin consuelo.
Corro ciego
tras espejos rotos,
cada fragmento quema
lo que soy y lo que fui.
en tu sonrisa,
grieta donde el mundo
se quiebra y brilla.
Cada gesto tuyo
es filo y llama;
me corta, me arrastra,
me salva y me mata.
Si el tiempo pudiera
detenerse,
me hundiría en tu luz
temblorosa,
donde tus sombras
me quieran…
y me quemen.
en tu sonrisa,
grieta donde el mundo
se quiebra y brilla.
Cada gesto tuyo
es filo y llama;
me corta, me arrastra,
me salva y me mata.
Si el tiempo pudiera
detenerse,
me hundiría en tu luz
temblorosa,
donde tus sombras
me quieran…
y me quemen.
la tele escupía promesas en serie.
Me reí sin ganas,
como ríen los rotos, por costumbre.
El silencio se sentó en mis rodillas
y pidió un cigarro.
No hablamos.
A veces entenderse
es no decir nada,
y seguir ardiendo despacio.
la tele escupía promesas en serie.
Me reí sin ganas,
como ríen los rotos, por costumbre.
El silencio se sentó en mis rodillas
y pidió un cigarro.
No hablamos.
A veces entenderse
es no decir nada,
y seguir ardiendo despacio.