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Starmer gana tiempo con el respaldo de su gabinete tras la mayor crisis interna de su mandato
Keir Starmer llegó al martes con la autoridad erosionada por la crisis más grave desde su llegada a Downing Street y al mismo tiempo con una imagen de control que, sin disipar las dudas de fondo, ha permitido al Partido Laborista ganar tiempo. Tras unas jornadas previas marcadas una investigación policial en curso por el caso Mandelson y el desafío abierto desde el liderazgo laborista escocés, que pedía su dimisión, el primer ministro presidió la reunión semanal del gabinete arropado por sus ministros, en un ejercicio de disciplina colectiva que evitó el colapso inmediato de su liderazgo y trasladó el foco a un horizonte decisivo de pruebas electorales. El detonante de la crisis sigue siendo el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Estados Unidos, una designación realizada en diciembre de 2024 que terminó nueve meses después con su destitución, cuando se hicieron públicos sus vínculos con Jeffrey Epstein. La publicación posterior de nuevos archivos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos añadió una dimensión