La venta del Atlético de Madrid remata el pelotazo de la familia Gil y Cerezo 33 años después de adquirirlo en "fraude de ley"
El millonario traspaso del club rojiblanco a un fondo rescata la apropiación indebida por parte de Jesús Gil y Enrique Cerezo cuando la entidad todavía era de los socios, conclusión de unos tribunales que no revirtieron la operación ni condenaron a los responsables de este delito porque prescribió
El fondo estadounidense Apollo se convierte en accionista mayoritario del Atlético de Madrid
Era un secreto a voces, pero la noticia se confirmaba el pasado 10 de noviembre. El Atlético de Madrid y sus principales accionistas (Miguel Ángel Gil Marín, Enrique Cerezo y los fondos Quantum Pacific Group y Ares Management) llegaban a un acuerdo con el fondo estadounidense Apollo Global Management, por el cual este gigante de la inversión en el ladrillo se ha convertido en propietario mayoritario del club al adquirir el 55% de las acciones. Apollo explicaba en un comunicado que Gil Marín y Cerezo continuarán al frente del Atlético, como consejero delegado y presidente respectivamente, “y seguirán siendo accionistas, lo que garantizará la continuidad de la visión y el liderazgo”.
Un liderazgo basado en una adquisición de la entidad colchonera por parte de Cerezo y Jesús Gil y Gil que se produjo en “fraude de ley”, conclusión a la que llegaron los propios tribunales, pese a declarar el delito prescrito. La Justicia consideró probado un “entramado fraudulento” por el cual ambos dirigentes se hicieron con la propiedad en 1992 presentado unas acciones cuyo importe “no estaba realmente desembolsado”. 33 años después, el Atlético está valorado en 2.500 millones de euros, según el diario Expansión. Al comprar un 55% de las acciones, Apollo aportará en torno a 1.300 millones de euros como socio mayoritario. Las familias Gil y Cerezo consuman así el pelotazo: de apropiación a coste cero a venta milmillonaria.
Esta historia, como tantas en la historia moderna de España, se remonta a 1992. La nueva Ley del Deporte obligó a los clubes de Primera y Segunda División con pérdidas a convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). Únicamente Real Madrid, Fútbol Club Barcelona, Athletic Club y Club Atlético Osasuna quedaron fuera del proceso al presentar cuentas saneadas. El Atlético de Madrid, en cambio, arrastraba una deuda superior a 4.000 millones de pesetas (más de 24 millones de euros). Por entonces y desde 1987 el máximo mandatario era Jesús Gil, con Cerezo como vicepresidente. Si no enmendaban ese agujero y afrontaban la reconversión antes del 30 de junio de 1992, el club descendería automáticamente a Segunda División B.
Cuando se aproximaba la fecha marcada en el calendario, la situación era dramática. Aunque el Consejo Superior de Deportes (CSD) había autorizado la cancelación de casi la mitad de la deuda y los propios socios adquirieron acciones por valor de unos 112 millones de pesetas, todavía había que reunir otros 1.950 millones para cumplir con el capital social exigido. Pero en la víspera del plazo de vencimiento, Gil y Cerezo se presentaron como salvadores. Comparecieron ante los medios y aseguraron haber reunido casi toda la cantidad faltante: 1.300 millones de pesetas aportados por el exalcalde de Marbella y 600 por el productor de cine. El dinero quedó ingresado en una cuenta del club y el CSD verificó la existencia de los fondos para aprobar la conversión en sociedad anónima.
Jesús Gil y Enrique Cerezo en el palco del Vicente Calderón en 2002.
Pero la aportación no cayó del cielo. Fue el resultado de una operación hilvanada entre bambalinas con Dorna, empresa vinculada a Banesto (en plena presidencia de Mario Conde) y dos entidades financieras: el Banco de Vitoria y Crédit Lyonnais. A través de ellos se canalizaron los préstamos que permitieron que los fondos llegaran al club, cumpliendo los requisitos legales exigidos por la nueva legislación... pero solo testimonial y transitoriamente. Horas después, el dinero regresó a los bancos, pero la operación ya había permitido que Gil y Cerezo obtuvieran el control mayoritario del Atlético (hasta un 97% de las acciones, aunque luego se han desprendido paulatinamente de parte de ellas) sin desembolsar un solo céntimo.
Un errático periplo judicial que confirmó el “delito de apropiación”
Siete años después, el entramado aterrizó en los tribunales. En 1999, la Fiscalía Anticorrupción presentó una querella que derivó en la intervención judicial del Atlético hasta 2004, año en que la Audiencia Nacional consideró probado un delito de estafa y otro de apropiación indebida por parte de Jesús Gil, con Enrique Cerezo como cooperador necesario. Asimismo, el tribunal condenó a Miguel Ángel Gil Marín, por entonces director general, por estafa por simulación de contrato.
No obstante, el garantismo del sistema judicial español libró a los dirigentes de mayores responsabilidades penales. El 4 de junio de 2004, un mes después de la muerte de Jesús Gil, la Sala Segunda del Tribunal Supremo revocó la condena por apropiación indebida, pese a reconocer que se dio un hecho criminal, por haber prescrito en 1997 (este delito lo hace a los cinco años en casos de penas aplicables inferiores a cinco años). Esto es, sus implicaciones penales caducaron dos años antes de que la querella se elevase a los tribunales. “Hubo delito de apropiación, cuestión diferente es que esté prescrito”, recogía la resolución.
El Supremo sí mantuvo la condena de un año y medio de prisión por estafa impuesta por la Audiencia Nacional a Miguel Ángel Gil Marín, declarando la obligación de este y de los herederos de Jesús Gil de “reponer” en el Atlético “la situación contable anterior al estado de la ficción, cuando reflejaba una deuda de Gil y Gil con el club por importe de 2.700 millones de pesetas”. En 2011, la Audiencia Provincial de Madrid acreditó además la comisión de “fraude de ley” al acometer Gil Marín y Cerezo una ampliación de capital en 2003 con el fin de perpetuar su mayoría accionarial.
Jesús Martínez, abogado de Señales de Humo (la asociación de hinchas colchoneros más crítica con la directiva), lamenta en declaraciones a Somos Madrid que en el proceso confluyeron una serie de negligencias políticas y legales que facilitaron la impunidad: “La prescripción deriva del propio error de la Audiencia Nacional, que en vez de declarar el delito continuado en la sentencia, lo hizo a través de un auto de aclaración posterior que el Tribunal Supremo declaró nulo”. Para Martínez “lo que pasó desde 1992, entre medias y después, es que las autoridades políticas y deportivas hicieron la vista gorda y homologaron la propiedad ilegítima de la familia Gil y Cerezo y, por ende, su gestión del club a lo largo de 38 años”.
La ambigua postura de la afición: “Si la pelotita entra, la gente está contenta”
Martínez relata que cuando el caso estalló “se produjo un gran revuelo, que ya venía precedido de toda la instrucción del asunto, la intervención judicial y el oscuro descenso a Segunda División en el año 2000”. Pero admite que “nunca hubo unión en la afición como para emprender acciones legales por nada”. Lo ilustra al abordar el ascenso y mantenimiento del actual consejero delegado: “Gil Marín nunca debería haber sido CEO de la SAD, puesto que un condenado por delitos económicos lo tiene prohibido, tanto por la legislación mercantil como por la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas. Sin embargo, las autoridades de nuevo hicieron la vista gorda y nadie, salvo Señales de Humo, que no podía costear un juicio de ese tipo, protestó por ello. Señales pedía en cada Junta General el cese del CEO por el motivo expuesto y perdía las votaciones por mayoría. Hay actas que lo acreditan”.
Alberto García es el portavoz de la Unión Internacional de Peñas del Atlético de Madrid. En conversación con este diario, demuestra una enorme honestidad para exponer la que considera posición mayoritaria de la grada 33 años después de que los socios perdieran el control de su equipo de forma irregular: “La sentencia deja claro que se hicieron con el club de manera ilegítima. Son propietarios ilegítimos, sí, pero son los dueños. Es como si te robo la casa y tiempo después me dicen que me la puedo quedar porque de tanto usarla ya es mía. La ley está mal hecha, pero está mal hecha para todos. Lo que ocurre es que los aficionados al fútbol no entendemos de dividendos, por eso solo había insultos a Gil Marín y Cerezo cuando las cosas iban mal deportivamente. No hables a los seguidores de economía, quieren al mejor delantero del mundo”.
García desarrolla esta idea sin paños calientes: “Un club de fútbol no es una compañía al uso, es empresa y sentimiento, depende mucho del estado de ánimo. Si la pelotita entra, la gente está contenta. Gil Marín ha acertado contratando a un entrenador [Diego Pablo Simeone] que lo ha puesto en la élite y ha servido de escudo, en lo bueno y malo. Además, el consejero delegado no es mal gestor, pero está claro que es gracias a que la pelota ha entrado que ha conseguido venderlo por 20 veces más de lo que les costó. Aunque bueno, en realidad no les costó nada”.
Los aficionados al fútbol no entendemos de dividendos, por eso solo había insultos a Gil Marín y Cerezo cuando las cosas iban mal deportivamente. No hables a los seguidores de economía, quieren al mejor delantero del mundo
Alberto García
— Portavoz de la Unión Internacional de Peñas del Atlético de Madrid
“Gran parte de la afición mira de perfil la apropiación delictiva”, lamenta Jesús Martínez. “Ha habido concentraciones que apenas han reunido apenas unos cientos de personas, la más multitudinaria manejó 5.000. Cada domingo nos manifestábamos ante la puerta 0 unas decenas. Cuando llegó Simeone y los éxitos deportivos, desapareció todo signo de protesta. Ni siquiera el desahucio del Vicente Calderón provocó reacción alguna que fuera llamativa, aunque desde Señales de Humo luchamos en los tribunales contra la venta”.
Lo hicieron ganando primero el pleito que revocaba la operación Mahou-Calderón, que hubo de rediseñarse con menos edificabilidad. “Luego impugnando la recalificación de los terrenos de la Peineta. Ganamos ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, pero el Supremo revocó la sentencia que había declarado la recalificación ilegal, por una cuestión de seguridad jurídica puesto que el Atleti llevaba jugando allí tres años ya. Lo cierto es que nosotros intentamos parar el éxodo de un estadio a otro, pero los tiempos judiciales se llevaron todo por delante. Ya no tenía sentido seguir luchando”, recuerda Martínez. Los ecos de este caso con la apropiación irregular en lo que respecta a la implicación de la hinchada son evidentes.
Una venta con dos claves: los éxitos de Simeone y los terrenos cedidos por Almeida
“Bajo su dirección [de Cerezo y Gil Marín] durante las dos últimas décadas, el Atlético de Madrid se ha consolidado como uno de los clubes de fútbol más exitosos y reconocidos de Europa, logrando éxitos deportivos continuados, expandiendo su marca en todo el mundo y reforzando su compromiso con la comunidad. La inversión reforzará la posición de nuestro club entre la élite del fútbol y apoyará nuestra ambición de ofrecer éxitos a largo plazo para nuestros millones de aficionados en todo el mundo”, presumía el club al anunciar el acuerdo, aunque por el momento no atienden las preguntas remitidas por este medio a su departamento de comunicación sobre esta operación y sobre la controvertida adquisición de los directivos cuando se convirtió en sociedad anónima.
“El valor actual de la Sociedad Anónima Deportiva contemplado por Apollo Global Management es 2.500 millones de euros, según las distintas informaciones, de manera que el enriquecimiento de Cerezo y Gil Marín hay que ponerlo en relación a dicho valor y el porcentaje de venta de cada uno. Es posible que, en un futuro, vuelvan a enriquecerse con la venta de los porcentajes que ahora van a retener (un 3% y un 8%, respectivamente)”, cuenta Jesús Martínez.
El letrado de Señales de Humo es muy duro con la forma en la que los Gil Marín y Cerezo se apropiaron del Atlético ante los socios, pero reconoce la labor al frente del club y cómo esta ha derivado en la reciente venta: “El mayor acierto fue la contratación de Simeone, un poco de rebote puesto que era la tercera o cuarta opción, aunque para la afición siempre fue la primera. Con el Cholo el Atleti pasa de ingresar 100 millones de euros a más de 400 en estos años. Se mete de forma continuada en Champions durante doce años”.
“Esos 2.500 millones de valoración también se deben a Simeone y a que Gil Marín le ha sabido mantener en el cargo. Los patrocinios derivan de esa estabilidad deportiva y culminan con un gran trabajo de otros dos grandes fichajes: Óscar Mayo [director general de Ingresos y Operaciones] y Mateu Alemany [director deportivo]. No deja de ser fruto de la gestión durante estos últimos años, más allá de que el producto gestionado llegara a sus manos de forma delictiva y de que pueda incomodar más o menos que ahora saquen un jugoso provecho”, asegura el abogado.
Como expone Martínez, los éxitos deportivos desde la llegada al banquillo de Simeone en 2011(con dos Ligas conquistadas y otras tantas finales de Champions disputadas) han cimentado esta venta. También sus importantes derivas inmobiliarias. El paradigma de ello es su futura ciudad deportiva en el entorno del Estadio Metropotilano, la bautizada como Ciudad del Deporte. Un proyecto para el cual el Ayuntamiento liderado por José Luis Martínez-Almeida ha cedido al Atleti varias parcelas, que suman 205.000 metros cuadrados, durante los próximos 75 años (con regalo de cuatro nombres de calles en la zona incluido). En ellas se edificarán instalaciones de entrenamiento y preparación para la entidad rojiblanca, pero también un centro comercial con pistas de pádel, playa con olas para el surf, un pequeño campo de golf y, probablemente, un pabellón deportivo apto para conciertos multitudinarios.
La Ciudad del Deporte es el motivo principal de que Apollo se haya interesado en el Atleti. Supone una fuente de ingresos constante, paralela a los ingresos deportivos. No importa si la pelota entra o no, se va a ganar dinero de otra forma
Jesús Martínez
— Abogado de Señales de Humo
Así lo sintetiza Jesús Martínez: “Más allá del atractivo del club, la Ciudad del Deporte y el proyecto en el antiguo Centro Acuático Olímpico es el motivo principal de que Apollo se haya interesado en el Atleti. Supone una fuente de ingresos constante, paralela a los ingresos deportivos e independiente de estos. No importa si la pelota entra o no, se va a ganar dinero de otra forma. La conjunción de ambas fuentes de ingresos será fundamental, de manera que la inversión en lo deportivo se incrementará”.
El propio Almeida, reconocido aficionado colchonero (pese a su buena sintonía con Florentino Pérez), calificó como un “salto de calidad” la incorporación de Apollo como accionista mayoritario del Atlético de Madrid y negó que tenga influencia en la concesión de los terrenos al club. “Creo que es una apuesta de inversión por la ciudad de Madrid y una apuesta importante”, trasladó el alcalde al conocer una noticia que calificó como “buena”, ya que atraerá “más inversión” y “generará riqueza”.
Pese a diversas derrotas entre algunos triunfos, pese a su constante lucha por las causas colchoneras que considera justas, Jesús Martínez no mira al futuro con escepticismo: “No me infunde temor alguno esta etapa. Apollo viene a invertir y a sacar la mayor rentabilidad a su inversión. Deben responder ante sus socios. Tienen estabilidad y la van a transmitir al club. Podrá haber subida de abonos y quizá nos arrastre algo la globalización, es inevitable, pero las experiencias de otros clubes grandes manejados por fondos, sobre todo de la Premier League inglesa, no apuntan a pérdida de identidad o desarraigo”. Apuntala su tesis presumiendo de pasado y legado: “Un club de casi un siglo y cuarto de historia tiene unas raíces muy consolidadas y un sentimiento de pertenencia transmitido entre generaciones, reforzado por las etapas atravesadas a lo largo de 122 años. Vivimos regateando al porvenir, como ya dijo Leiva”.
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