—¡Buenos días! —saludó de nuevo llena de emoción, dirigiéndose primero a la ventana para correr las cortinas, no obstante, no abrió la ventana, ya que estaba haciendo frío afuera—. ¡Anoche nieve caer! Bonita, ¿sí?
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—¡Buenos días! —saludó de nuevo llena de emoción, dirigiéndose primero a la ventana para correr las cortinas, no obstante, no abrió la ventana, ya que estaba haciendo frío afuera—. ¡Anoche nieve caer! Bonita, ¿sí?
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Dentro de la pequeña rutina que llevaba cuando visitaba a Haru estaba justamente aquello: preguntar y a pesar de cualquier respuesta que le diera, entrar de todos modos.
Con el tiempo la joven había aprendido que, de esperarlo, >
Sí.
Días.
Era bastante temprano por la mañana.
—¡Yo traer algo muy divertido! ¿Tú despierto?
Dentro de la pequeña rutina que llevaba cuando visitaba a Haru estaba justamente aquello: preguntar y a pesar de cualquier respuesta que le diera, entrar de todos modos.
Con el tiempo la joven había aprendido que, de esperarlo, >
Sí.
Días.
Era bastante temprano por la mañana.
—¡Yo traer algo muy divertido! ¿Tú despierto?
Sí.
Días.
Era bastante temprano por la mañana.
—¡Yo traer algo muy divertido! ¿Tú despierto?
Sí.
Días.
Era bastante temprano por la mañana.
—¡Yo traer algo muy divertido! ¿Tú despierto?
Desde que Takumi le había dado una llave de la casa de su amigo, ella había tomado aquello como un permiso inexpirable de poder entrar cuando quisiera. Se quitó las botas de nieve en la entrada del apartamento tal y como dictaba la etiqueta japonesa y entonces entró.
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Desde que Takumi le había dado una llave de la casa de su amigo, ella había tomado aquello como un permiso inexpirable de poder entrar cuando quisiera. Se quitó las botas de nieve en la entrada del apartamento tal y como dictaba la etiqueta japonesa y entonces entró.
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Incluso si era mucho más inconveniente, no podía evitar comparar un poco aquellas fechas con las de su hogar, y para no caer en la desdicha de la nostalgia, terminó decidiendo hacer de su invierno en Japón algo memorable también.
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Incluso si era mucho más inconveniente, no podía evitar comparar un poco aquellas fechas con las de su hogar, y para no caer en la desdicha de la nostalgia, terminó decidiendo hacer de su invierno en Japón algo memorable también.
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El invierno en los Alpes era terriblemente más salvaje que en Japón. La nieve no cubría las entradas de las casas y no era necesario esperar días a que se endureciera para poder salir a comprar.
Sin embargo, para Jerry, el invierno era una época encantadora, »
El invierno en los Alpes era terriblemente más salvaje que en Japón. La nieve no cubría las entradas de las casas y no era necesario esperar días a que se endureciera para poder salir a comprar.
Sin embargo, para Jerry, el invierno era una época encantadora, »